top of page

Alegoría a la transformación

Hace poco más de un año empecé a formar parte de Righetto como practicante de artes, me detuve entonces a pensar que podía suceder en el proceso, conocer, aprender y entender nuevas perspectivas de vida que hoy ya son parte de mi, cada niño y cada trabajador fueron esenciales para continuar descubriendo cómo impactar o al menos relacionar, mi visión con la de ellos. vale mencionar muy abreviadamente las acciones traducidas en talleres interacciones e impresiones que derivarían en una obra que representa cada aspecto que mi perspectiva aún nebulosa y desdibujada intentó filtrar para generar lo que hoy se vislumbra inherente a este espacio; de antemano a cada uno de los involucrados, en especial Santiago Yaluzan estuvo en constante compromiso y participación de lo que es hoy la obra, de igual manera, al lector, y/o espectador presente, gracias infinitas por formar parte del proceso, al final, esto es un fragmento de mi con la grandeza de ustedes.

Si bien su nombre está directamente relacionado con su significado no podemos decir lo mismo de la relación en su representación visual. En síntesis las interacciones y talleres con los muchachos a la par de la convivencia con Righetto como una institución viva que respira principios y exhala acciones de cada trabajador que lo conforma. noté la importancia de enaltecer la idea de la transformación y sus posibles representaciones; así pues, todo condujo a la creación de una alegoría, es decir, la figuración de una palabra clave en distintas visiones.

El cuadro se compone con una proporción áurea que desemboca en el centro de atención de la obra, de modo que les lleva por un marco atrayente por sus símbolos, que en sus extremos resumen una historia del sueño al despertar que tomará diferentes figuras según su visión las altere, los jóvenes con sus miradas componen el nacimiento de la obra y evocan la dualidad de esta, un hombre y una mujer inmersos (sin dejar de ser un universo por sí mismos) en un mundo fantástico que requiere de las dos partes para funcionar. El hombre atrae al espectador con su mirada a la par que la mujer la dirige al siguiente elemento, su mirada transcurre por un árbol fuerte en sus raíces como en sus frondosidades, una representación más del espacio al que refiere y habita la obra, la tierra como vida, el cielo, como trascendencia. la mirada de la mujer es directa al sol y las montañas, el sol, sugiere una posición de ocultarse o nacer, hace referencia una vez más al proceso dual como hincapié en el proceso de los jóvenes concluir un atardecer para su nuevo amanecer, el sol, símbolo de luz, de crecimiento, de renacimiento. en sus manos un león, un volcán, el galeras, durmiente e imponente vigilando en su descanso la  realización de la acción trascendental de la obra. el volcán como ombligo de la tierra como un huevo del mundo, a la par que el sol, un protector y soberano, dos leones, dos soles. Finalmente, en un extremo la mariposa, símbolo de transformación lleva una cerradura en su vientre, la puerta a un camino inexplorado. si se fijaron antes, el hombre tiene una llave y en su mirada un misterio que de nuevo con su par devela su objetivo, la luz y apertura de la transformación que los espera.

bottom of page